Recomiendo este artículo que me llegó a través de mi ma
Me pareció interesante!
http://www.revistaanfibia.com/cronica/la-cruzada-de-la-leche/
martes, 9 de diciembre de 2014
jueves, 4 de diciembre de 2014
Amor no romántico
Después de ver el capitulo del Tornillo sobre el Amor he escrito esta pequeña reflexión.
Las chicas buenas no abandonan a sus esposos. Visten de manera adecuada y beben sólo hasta tener el puntito. No fuman. Combinan la ropa interior. No hablan de sexo abiertamente. Esperan a que las llamen y dicen: Yo también, en vez de te quiero.
Las chicas malas que se creen dueñas de su cuerpo y su sexualidad, se creen dueñas de su propia vida, o que se rebelan, siempre se llevan su castigo merecido.
A las chicas malas no sólo las destestan algunos hombres, sino también las mujeres buenas, porque desestabilizan todo el orden “armonioso” de las cosas cuando toman decisiones y rompen con ataduras. Es dificil tener a una de estas a tu lado. O como compañera o como amiga. Hablan alto. Lloran, se rien de manera escandalosa y hacen el amor "con todo". Sin distracción posible.
Las mujeres malas, hemos pensado mucho cómo queremos ser. Cómo nos queremos comportar. Cómo romper con el amor romántico. Hemos de aprender a romper con los mitos, a deshacernos de las imposiciones de género, a dialogar, a charlar, a disfrutar de la gente que nos acompaña en el camino, a unirnos y separarnos en libertad, a tratarnos con respeto y ternura, a asimilar las pérdidas, a construir relaciones bonitas. Tenemos que romper con los círculos de dolor que heredamos y reproducimos inconscientemente. Tenemos que aprender a querer y a ser queridas de otra manera. A hacer la vida agradable a nosotras mismas y a nuestros compañeras y compañeros. Que merezca la pena vivir la vida con nosotras al lado. Que sea más feliz con nosotras al rededor. También hemos aprendido a desear sexo a deshoras, a necesitar follar y masturbarnos. A no sentir celos ni a provocarlos, a comprender y a ser comprendidas. A querer rompiendo normas, a amar sin medida.
Las feministas no hemos renunciado al amor. De hecho, no tenemos nada en contra del amor, ya que nosotras también nos enamoramos locamente, igual que las demás. Gestionemos ese amor sin obedecer a la norma hegemónica.
Las chicas buenas no abandonan a sus esposos. Visten de manera adecuada y beben sólo hasta tener el puntito. No fuman. Combinan la ropa interior. No hablan de sexo abiertamente. Esperan a que las llamen y dicen: Yo también, en vez de te quiero.
Las chicas malas que se creen dueñas de su cuerpo y su sexualidad, se creen dueñas de su propia vida, o que se rebelan, siempre se llevan su castigo merecido.
A las chicas malas no sólo las destestan algunos hombres, sino también las mujeres buenas, porque desestabilizan todo el orden “armonioso” de las cosas cuando toman decisiones y rompen con ataduras. Es dificil tener a una de estas a tu lado. O como compañera o como amiga. Hablan alto. Lloran, se rien de manera escandalosa y hacen el amor "con todo". Sin distracción posible.
Las mujeres malas, hemos pensado mucho cómo queremos ser. Cómo nos queremos comportar. Cómo romper con el amor romántico. Hemos de aprender a romper con los mitos, a deshacernos de las imposiciones de género, a dialogar, a charlar, a disfrutar de la gente que nos acompaña en el camino, a unirnos y separarnos en libertad, a tratarnos con respeto y ternura, a asimilar las pérdidas, a construir relaciones bonitas. Tenemos que romper con los círculos de dolor que heredamos y reproducimos inconscientemente. Tenemos que aprender a querer y a ser queridas de otra manera. A hacer la vida agradable a nosotras mismas y a nuestros compañeras y compañeros. Que merezca la pena vivir la vida con nosotras al lado. Que sea más feliz con nosotras al rededor. También hemos aprendido a desear sexo a deshoras, a necesitar follar y masturbarnos. A no sentir celos ni a provocarlos, a comprender y a ser comprendidas. A querer rompiendo normas, a amar sin medida.
Las feministas no hemos renunciado al amor. De hecho, no tenemos nada en contra del amor, ya que nosotras también nos enamoramos locamente, igual que las demás. Gestionemos ese amor sin obedecer a la norma hegemónica.
jueves, 27 de noviembre de 2014
25 de Noviembre
Dejo aqui el manifiesto aprobado por el área de Mujer de Izquierda Unida y algunos datos:
Hasta el día de hoy van 44 mujeres asesinadas por sus compañeros o ex compañeros.
Se cumplen 10 años de la aprobación de la Ley integral contra la violencia de género.
Este año se han reducido considerablemente el número de denuncias y por tanto el número de órdenes de alojamiento. Los años que menos se denuncian, según las estadísticas, son los años que más mujeres son asesinadas. (en 2010 y en 2007 respectivamente).
Se han hecho recortes sistemáticos en planes de igualdad en las escuelas,fundamentales para la prevención a edades tempranas de esta lacra. Se han reducido las ayudas a las ONG´s que trabajan con mujeres víctimas de violencia de género y se ha eliminado el plan de insercción laboral para mujeres violentadas.
En Salamanca se ha cerrado una de las casas de acogida, las llamadas casas seguras de emergencias.
En plena vorágine capitalista, en plena expansión del poder de los mercados, la economía está ocupando la mayor preocupación de la ciudadanía y su consecuencia más inmediata, el desempleo, su mayor temor. Para los gobiernos amigos y, por lo tanto, cómplices de este sistema económico especulador y mercader, la creciente desigualdad y el aumento consecuente de la violencia de género ha pasado a un segundo plano, si es que alguna vez ha ocupado otro.
El patriarcado y el capital, en armonía permanente, han encontrado de nuevo un momento propicio para nuevas alianzas a la hora de despojar a las mujeres de los derechos conseguidos con tanto esfuerzo.
A nivel internacional nos hemos llevado la gran decepción con la llamada ‘Primavera Árabe’, al comprobar que las revoluciones han sido absolutamente manipuladas para conseguir unos fines aparentemente democráticos, que en nada pretendían cambiar las condiciones sociales de las mujeres de estos países. Muy al contrario, algunos de estos países anteriormente laicos ahora han sido tomados por la fuerza de los integrismos religiosos y a las mujeres les espera un futuro mucho peor.
Es alarmante el olvido de las mujeres afganas, el aumento de las ablaciones hasta en entornos occidentales, el afianzamiento de las redes de tráfico y la trata de mujeres y niñas para su explotación sexual mediante la prostitución.
En nuestro Estado, el Gobierno del PSOE no ha querido modificar la Ley Integral contra la Violencia, empecinado en su modelo de violencia encorsetado en una sola causa, obstinado en no reconocer que la violencia de género es una cuestión estructural que hay que erradicar desde todos los ámbitos. Desgraciadamente y, a pesar de ello, en lo que va de año han sido asesinadas 55 mujeres, pero el presupuesto destinado a combatir la violencia de género no sólo no aumenta sino que va disminuyendo paulatinamente.
Los contratos a tiempo parcial y precarios son la oferta laboral para las mujeres. El tercer trimestre de este año refleja cómo del casi medio millón de las personas que trabajan a jornada parcial, nada menos que el 96% son mujeres, es decir, 9 de cada 10 jornadas parciales, fundamentalmente dedicadas al cuidado, las hacen mujeres.
Aumentan las emisiones televisivas donde se denigra la imagen de las mujeres y se las convierte en meros objetos, además de que cada vez hay más anuncios comerciales donde las mujeres somos la ‘recompensa’ al comprar la mercancía. Todavía seguimos reivindicando que el lenguaje nos incluya para ser nombradas y designadas en femenino singular y plural.
Este 25 de noviembre nos vemos obligadas nuevamente a reivindicar una verdadera coordinación política y administrativa para atajar esta lacra social. Para las mujeres tampoco es nuevo que exijamos la implicación de todos los poderes públicos en dar las respuestas que la sociedad está reclamando y conseguir un mundo sin Violencia de Género, pero a estas alturas no queremos quimeras ni promesas, queremos realidades tajantes con resultados inmediatos.
¡Un mundo en IGUALDAD, un mundo SIN VIOLENCIA!
Hasta el día de hoy van 44 mujeres asesinadas por sus compañeros o ex compañeros.
Se cumplen 10 años de la aprobación de la Ley integral contra la violencia de género.
Este año se han reducido considerablemente el número de denuncias y por tanto el número de órdenes de alojamiento. Los años que menos se denuncian, según las estadísticas, son los años que más mujeres son asesinadas. (en 2010 y en 2007 respectivamente).
Se han hecho recortes sistemáticos en planes de igualdad en las escuelas,fundamentales para la prevención a edades tempranas de esta lacra. Se han reducido las ayudas a las ONG´s que trabajan con mujeres víctimas de violencia de género y se ha eliminado el plan de insercción laboral para mujeres violentadas.
En Salamanca se ha cerrado una de las casas de acogida, las llamadas casas seguras de emergencias.
En plena vorágine capitalista, en plena expansión del poder de los mercados, la economía está ocupando la mayor preocupación de la ciudadanía y su consecuencia más inmediata, el desempleo, su mayor temor. Para los gobiernos amigos y, por lo tanto, cómplices de este sistema económico especulador y mercader, la creciente desigualdad y el aumento consecuente de la violencia de género ha pasado a un segundo plano, si es que alguna vez ha ocupado otro.
El patriarcado y el capital, en armonía permanente, han encontrado de nuevo un momento propicio para nuevas alianzas a la hora de despojar a las mujeres de los derechos conseguidos con tanto esfuerzo.
A nivel internacional nos hemos llevado la gran decepción con la llamada ‘Primavera Árabe’, al comprobar que las revoluciones han sido absolutamente manipuladas para conseguir unos fines aparentemente democráticos, que en nada pretendían cambiar las condiciones sociales de las mujeres de estos países. Muy al contrario, algunos de estos países anteriormente laicos ahora han sido tomados por la fuerza de los integrismos religiosos y a las mujeres les espera un futuro mucho peor.
Es alarmante el olvido de las mujeres afganas, el aumento de las ablaciones hasta en entornos occidentales, el afianzamiento de las redes de tráfico y la trata de mujeres y niñas para su explotación sexual mediante la prostitución.
En nuestro Estado, el Gobierno del PSOE no ha querido modificar la Ley Integral contra la Violencia, empecinado en su modelo de violencia encorsetado en una sola causa, obstinado en no reconocer que la violencia de género es una cuestión estructural que hay que erradicar desde todos los ámbitos. Desgraciadamente y, a pesar de ello, en lo que va de año han sido asesinadas 55 mujeres, pero el presupuesto destinado a combatir la violencia de género no sólo no aumenta sino que va disminuyendo paulatinamente.
Los contratos a tiempo parcial y precarios son la oferta laboral para las mujeres. El tercer trimestre de este año refleja cómo del casi medio millón de las personas que trabajan a jornada parcial, nada menos que el 96% son mujeres, es decir, 9 de cada 10 jornadas parciales, fundamentalmente dedicadas al cuidado, las hacen mujeres.
Aumentan las emisiones televisivas donde se denigra la imagen de las mujeres y se las convierte en meros objetos, además de que cada vez hay más anuncios comerciales donde las mujeres somos la ‘recompensa’ al comprar la mercancía. Todavía seguimos reivindicando que el lenguaje nos incluya para ser nombradas y designadas en femenino singular y plural.
Este 25 de noviembre nos vemos obligadas nuevamente a reivindicar una verdadera coordinación política y administrativa para atajar esta lacra social. Para las mujeres tampoco es nuevo que exijamos la implicación de todos los poderes públicos en dar las respuestas que la sociedad está reclamando y conseguir un mundo sin Violencia de Género, pero a estas alturas no queremos quimeras ni promesas, queremos realidades tajantes con resultados inmediatos.
¡Un mundo en IGUALDAD, un mundo SIN VIOLENCIA!
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Las periodistas y Pablo Iglesias
El pasado domingo Pablo Iglesias fue elegido
secretario general de Podemos. La mitad de los inscritos votaron y casi el
noventa por ciento lo hicieron por la lista liderada por Pablo Iglesias. Eso le
convierte en un líder ampliamente legitimado y con capacidad de liderazgo en su
partido.
Iglesias se presentaba con una lista de 62 personas
con las que formar equipo. De esa lista más de la mitad mujeres (32), sin
embargo, a ellas no las conocemos de nada. No las hemos visto en ninguna
tertulia, ni en ruedas de prensa, ni siquiera sentadas en la primera bancada en
los actos públicos. Les conocemos a ellos: a Monedero, a Errejón… Fue útil en
ese sentido el documento que presentó el diario la información para poner cara, por lo
menos, a alguna de ellas.
Este partido, tiene cosas que no me dejan de
sorprender respecto las mujeres (y su invisibilización) y a los
posicionamientos feministas. No deja de ser curioso que tengan un círculo de
feminismo, un partido que no se define ni de derechas ni de izquierdas. En mi
opinión, por tanto, Podemos no puede ser feminista. El feminismo es una lucha
transversal por hacer desaparecer las desigualdades entre hombres y mujeres y
esa lucha solo se puede hacer desde la izquierda alternativa y transformadora.
No se puede hacer desde la ambigüedad de una no-ideología y sólo desde ideas
concretas como nos hacen creer.
Una vez elegido, Iglesias ha acudido a varias entrevistas en varios
diarios, televisión y radio. Las dos que quiero señalar aquí son la que
tuvieron lugar el domingo pasado por Ana Pastor, y la que le hizo Pepa Bueno el pasado lunes.
Ambas periodistas tienen largas trayectorias, son
buenas profesionales, mordaces y expertas en hacer entrevistas donde se coloca
a los entrevistados y entrevistadas en situaciones incómodas. En estas
entrevistas, hechas por mujeres fue llamativa la insoportable invisbilización
de los temas llamados “de mujeres”. Se preguntó por los desahuciados, la
revocación de los cargos, la puerta giratoria o de dónde se va a sacar dinero
para pagar la renta básica, y no se hizo ninguna pregunta dedicada a la mitad
de la población con problemáticas concretas y comunes. No se cuestiona cómo
resolver la feminización de la pobreza, el techo de cristal, la conciliación,
las pensiones más bajas, la violencia de género o la discriminación salarial.
La baja tasa de natalidad, la falta de ayuda a los programas de madrugadores,
la congelación de la ley de dependencia o la precariedad laboral femenina. Una
realidad sangrante que nos afecta a todas. Ninguna de estas dos periodistas,
recordemos mujeres, les pareció que eran temas interesantes. Ana Pastor
preguntó hasta 5 veces si las personas que tuvieran dos casa se les iba a
quitar una de ellas, obviando que más del 40% de los desahucios son familias
monoparentales con una mujer como cabeza de familia y cargas familiares.
Lo que más me preocupa es que si ellas, mujeres
trabajadoras, públicas, empoderadas y reputadas no son capaces de hacer
visibles a su propia categoría política, de su propia problemática algo va muy
mal.
Por eso, ante la sistemática invisibilización de las
mujeres, los retos a los que nos enfrentamos las feministas son: Por un lado,
mostrar la realidad. Somos la mitad de la población, si nos tratan como colectivo
homogéneo, tenemos una serie de demandas y problemas por los que todas nos
vemos afectadas en mayor o menor medida. Esa es la realidad que tenemos que
poner sobre el tablero. Tenemos
herramientas potentes y útiles para esta tarea, fundamentalmente datos
desagregados por sexo que tenemos que aprender a utilizar. La realidad en
cifras se hace visible, patente y observable por toda la sociedad. Nuestro
segundo reto será que se hable de nosotras, que aparezcamos, que no nos
quedemos en “temas de mujeres”.
La discriminación entre hombres y mujeres tiene que
ser un problema a atacar de raíz en tanto y cuanto es un sistema capitalista y
patriarcal el que genera tanto sufrimiento, unos niveles de desigualdad
inadmisibles desde un punto de vista ético y moral y unas vidas en muchos casos
que no perecen la pena ser vividas. La precariedad y la invisibilización
femenina es de lo que bebe este sistema y lo que lo mantiene. No podemos
permitirnos movernos en esta lógica patriarcal capitalista que hace que desaparezcamos,
no se muestra nuestra realidad y no se toman medidas concretas para solventar nuestras
vidas.
Somos sujetos políticos, económicos y sociales y por
lo tanto queremos ser, estar y participar. Que se nos vea y que se hable de
nosotras con nosotras y para nosotras.
domingo, 26 de octubre de 2014
Descuida
Reblogueo este maravillos artículo aparecido en El diario.
#VagadeTotes se celebró el día 22 de Octubre en Cataluña. Es un intento de que todas las que quedamos excluidas a la hora de hacer huelga de alguna manera, podamos ser cuantificadas, porque si no cuidamos, el sistema no funciona.
Si
pudiera, hoy haría huelga de empatía. Huelga de sonrisas gratuitas.
Huelga de complacencia. Huelga de altruismo insano. Haría una huelga a
la japonesa de egoísmo. Por un día, solo pensaría en mí. No escucharía a
quien no quiero. No sería dialogante, comprensiva. Sería asertiva,
diría lo que quiero y lo que no. Sí. Diría mucho “no”. Y sonreiría
menos. ¿Ya lo he dicho? Lo reitero. Sonreiría menos. Tendría una voz más
grave, sería más parca, menos cantarina. No sería tan dulce. No pediría
permiso, no pediría perdón.
No sentiría culpa. No tendría miedo a sentirme insaciable en lo
afectivo ni farsante en mi trabajo. No pensaría otra vez que he
estudiado demasiado, que he estudiado demasiado poco. Que he perdido el
tiempo. Que si me sobra mes al llegar a
fin de sueldo no es solo porque lo he hecho todo mal. Dejaría de hacer
malabarismos para seguir currando por tan poco. Haría buenos planes y
aparcaría la multitarea infernal. Sería vaga. Un poco fría. No me
pondría a llorar instantáneamente al escuchar a mi madre decir que ya
no le gusta su vida, desde que se ha convertido en enfermera a turno
completo de mi padre. Y nadie se lo agradece.
No trataría de mediar entre mis padres. Ni entre mis hermanos. No
sentiría que siempre tengo que ayudarles más, que no puedo porque
trabajo demasiado, porque me lo paso demasiado bien, que hago mucho, que
hago poco, que destaco, que no destaco, que fui borde aquel día, que
consentí demasiado, que fui muy demandante, que no fui capaz de decir no
cuando me apetecía. Dejaría de pensar todo el tiempo en el otro. En
cómo se sentirá si rompo sus expectativas, si lo que pienso suena a nota
discordante. En vez de eso, daría muchos tonos más altos que otros.
Mandaría a la mierda a varios. No sentiría vergüenza al tomar la
palabra. O sí, la sentiría, pero eso no me impediría seguir.
No adoraría al padre, al héroe, al líder, al genio, al fuerte, al
sabio, al listo, al poderoso. Sería poderosa. Cortaría la palabra a
quien creyese que se está excediendo en su uso. No consentiría que en
una reunión mixta alguien me ignorase o me evitara la mirada solo porque
soy tía. Pondría mi mejor cara de póquer ante cualquier chiste
machista, por irónico que fuese. Y no trataría de que mi discurso no
fuese traicionado por la forma. Me expresaría libremente, sin medir, sin
calcular si resultaré o no demasiado segura, convincente, expeditiva.
No aceptaría “bonitas”, ni “guapas, ni “niña” de desconocidos, no me
tragaría las miradas por la calle, ni los comentarios a mi cuerpo, a mi
ropa, como algo natural. No sonreiría. Otra vez.
Pediría ayuda con soltura. Hasta puede que fuese capaz de dar alguna orden y echar alguna bronca.
Pediría ayuda con soltura. Hasta puede que fuese capaz de dar alguna orden y echar alguna bronca.
No trataría de encajar. Intentaría con todas mis fuerzas no atender a
la demanda silenciosa, naturalizada y completamente interiorizada de que
debo ser yo la que atienda una situación de cuidados cuando hay alguien
dependiente, ya sean niños o mayores. No me levantaría de la mesa a
recoger mientras padre, hermanos o amigos no hacen amago de moverse. No
haría trabajos reproductivos como preguntar qué tal, cuidar el ambiente y
los enseres, apaciguar discusiones o preocuparme por la comida o el
agua en espacios y tiempos de reunión colectiva. Me comería la palmera
de chocolate más grande de esa panadería. O dos.
No me cuestionaría por tener mucho deseo sexual. O poco. Abriría mucho
las piernas en el metro, empujando al que las lleva aún más abiertas que
yo a mi lado. No me desasosegaría ni un minuto por no saber aún si
tendré hijos, por no saber si cuando quiera tenerlos podré hacerlo, si
si los tengo me arrepentiré y si no los tengo también. En su lugar, iría
a mi centro de salud a pedir todas mis revisiones ginecológicas, me
“toquen” o no, toda la información sobre reproducción asistida, todos
mis derechos. Aprovecharía para pedir los nombres y denunciar a todos
los ginecólogos que alguna vez me hicieron sentir incómoda, sucia,
viciosa, irresponsable, que me hicieron daño. Aparcaría por un día la
rabia de género hacia el aplomo y la asertividad de mis compañeros
hombres. Por estar más presentes en todo lo público solo por una inercia
de la que ellos muchas veces son cómplices.
No sentiría culpa por no haber visto en un mes a mis sobrinas, por que
sientan que no las quiero. Que no las cuido. Me dejaría crecer el
mostacho. Y la barba. No dejaría que me bloquease la autoexigencia.
Haría más el imbécil, no miraría tanto a mi alrededor, no me pondría en
segundo plano, no me menospreciaría, no le haría el consenso a la
autodestrucción, no sentiría, aunque sea durante un día, que si hubiera
nacido tío todo me hubiera sido y me sería más fácil. Trataría de
sentirme más segura en la calle, no daría conversación a un presunto
violador como me sigue pidiendo el Ministerio de Interior.
Sí. Pondría palos en la rueda, en general. Por un día, dejaría de
engrasar el mundo. Ah. Y sería vaga. Otra vez. Muy vaga. No sería
diligente, ni organizada, no haría hueco a las demandas ajenas a costa
de mi salud. Me iría a tirar al parque con alguien o unos alguienes muy
deseados sin sentir que debería estar haciendo otra cosa, en otro lugar:
siendo útil, productiva, ayudando, escuchando. Dejaría de sentir la
autoexigencia paralizante de que todo lo que hago, incluso este texto,
tiene que ser excelente y brillante, para ser apreciado y llamar la
atención. Sería chapucera. Vaga, tan vaga. Y me repetiría a mí misma:
“Descuida”.
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