miércoles, 9 de enero de 2013

El Retorno de la Mística de la Femineidad

Interesante artículo publicado en la web A las barricadas:
 El conocido título de Betty Friedan hace referencia a la imagen de lo “esencialmente femenino”, que tanto se menciona en las revistas para mujeres, la publicidad y los libros de autoayuda. Se trata de una horma moral, fabricada tras la Segunda Guerra Mundial y que pretende que todas las mujeres asuman como propia. Y que por cierto, tiene consecuencias muy negativas en la salud de las mujeres, como la propia Betty señala.

Es este un intento de devolver a las mujeres al hogar, exaltando sus cualidades como madres y amas de casa, que surge en un contexto determinado, después de haberlas animado con campañas publicitarias sobre la “nueva mujer” a cubrir los puestos de trabajo de los hombres que marcharon al a guerra. Esta mística ha calado hondo y ha limitado nuestra forma de percibir las relaciones de género, llevando incluso a ajustar las investigaciones a esa idea. Por ejemplo, Desmond Morris, en su obra “El mono desnudo”, publicado en la década de los 70, más que investigar, intenta encontrar las pruebas biológicas que ajusten en su modelo mental: familia nuclear, hombre cazador y mujer en la cueva con los retoños. Y desde luego, consigue “ajustarla” a esa idea, que en realidad viene a ser la consabida excusa del modelo que describe un hogar como aquel donde el hombre trabaja para conseguir el sustento y la mujer se queda “protegida” en casa y cuidando de los niños y el hogar.
Más tarde múltiples investigaciones han dejado claro que este modelo es falso y que la familia nuclear procede de la Europa decimonónica. No sólo existen tribus donde las mujeres también cazan, sino que las labores adjudicadas a hombres y mujeres varían enormemente de una sociedad a otra, siendo el significado cultural de “ser mujer” también variable. Por no mencionar que la recolección realizada en muchas tribus por mujeres también ha resultado ser esencial para la economía del grupo. El problema en realidad es que es un modelo creado por la burguesía, donde el marido consigue dinero para mantener a la familia y la mujer no sólo no trabaja, sino que tampoco debe ser ama de casa porque tiene sirvientes en el hogar. El modelo se convierte en inalcanzable para la clase obrera, ya que el sueldo que recibía el trabajador no era suficiente para mantener una familia. Pero la clave aquí está en que creyeron que debían aspirar a ese modelo.
Y sin embargo, seguimos rodeadas de ese halo, y no nos libramos ni desde sectores libertarios. Desde el marxismo, ideología tampoco exenta de carga patriarcal por otra parte, ya se proponía que es el capitalismo el que nos ha entregado a las fauces del mundo laboral, lugar de explotación del hombre, pero aún menos apropiado para la mujer .

Esto es cierto y falso a la vez. Es cierto en lo que respecta a que el capitalismo ha impulsado la proletarización del mundo: alejados de los medios de producción, normalmente las tierras de cultivo, se vende la propia fuerza de trabajo, como ya quedara aclarado en El Capital, de Karl Marx. Pero es falso en lo que respecta a concebir el trabajo asalariado como aquél que sólo se da fuera de las puertas del hogar. Y en esta ocasión ni siquiera me refiero a los cuidados, tarea tan esencial para el mantenimiento del sistema capitalista. Se puede ser trabajadora asalariada sin acudir a una fábrica o taller. De hecho, esta es una realidad laboral subestimada para millones de mujeres en el mundo. En los albores del anarcosindicalismo, tampoco se prestó atención a organizar a las mujeres que trabajaban por encargo, o en el servicio doméstico, aduciendo que eran demasiado difíciles de organizar. En cualquier caso, este modelo de trabajo asalariado, que claramente afectaba a las mujeres, fue obviado e invisibilizado.

Se trata del trabajo a domicilio que realizan por ejemplo las tejedoras de la India. Reciben en su hogar el material de trabajo y al cabo del tiempo estipulado, se pasa a recoger el producto de su trabajo. Esto redunda en pingües beneficios para el empresario que se vale de ellas (porque queda ridículo decir que las contrata): por un lado, no debe invertir en gastos de medios de producción, ya que son las propias trabajadoras las que los aportan, en forma de telares, máquinas de coser, etcétera; la atomización de las mujeres que trabajan de esta forma les dificulta la articulación de protestas por sus condiciones laborales, al no saberse cuántas son, exactamente quienes, etc. Son explotadas y además se desconoce su explotación, ya que no forman sindicatos, no se agrupan, y socialmente no se valora ni se reconoce esta labor. De hecho, desarticula el discurso tradicional, al disponer ellas mismas de los medios de producción. Pero sugerir que tienen el estatus de pequeñas empresarias o autoempleadas es un insulto a la inteligencia. 

Y sin embargo, desde algunas filas del anarquismo se pretende que la crítica al capitalismo encaje con la mística de la feminidad. Olvidando que ese “volver a los hogares” nunca fue del todo real, y menos para las clases trabajadoras, ni tampoco deseable, por que limita aún más la independencia económica de las mujeres. En Cataluña antes de 1900, donde el feminismo no había tenido oportunidad casi de aparecer, un 40-45% de trabajadores del textil eran mujeres. Es decir, ya eran trabajadoras asalariadas. En este sentido, muchos sindicatos a mediados del s. XIX protestaban por conseguir un “salario familiar”, intentando copiar el modelo de familia nuclear de la clase burguesa, donde el hombre mantuviera con un solo sueldo a sí mismo, esposa e hijos. Pero esto ha redundado, además de en que se conciba la familia nuclear como la natural y deseable, en una excusa para dar menor salario a la mujer ya que ella, supuestamente, no tiene que soportar la carga de la familia y lo hace para gastar ese dinero en caprichos banales; su salario puede ser menor.

Marvin Harris sugiere que el capitalismo fue el que nos sacó de casa al mundo laboral, o al menos en Norteamérica. Sin embargo, las necesidades del capitalismo se pueden satisfacer de múltiples maneras y parece que la del trabajo asalariado y atomizado dese los hogares era realmente ventajosa para el empresario. Por lo tanto, Harris cae en el error de poner en el cambio económico todo el peso del cambio social. Sin embargo, esta es sólo una de las condiciones, necesaria pero no suficiente. Muchos otros factores son necesarios para que se dé este acceso de la mujer al mercado laboral fuera del hogar, como por ejemplo nivel de industrialización, oportunidades de educación, valores culturales relativos a la conducta femenina, roles sexuales, posición jurídica de la mujer, edad de matrimonio, etc. Pero el análisis clásico de la antropología marxista, al que pertenece Harris, también es esclavo de su propio marco cognitivo: no son ni trabajadoras asalariadas al uso ni amas de casa, por eso escapa a su posible análisis.

Lo cierto es que las luchas feministas tuvieron mucho que ver en el acceso al mercado laboral público, al cambiar ante todo los valores culturales y los roles de género, así como la posición jurídica de la mujer. Pero también es cierto que esto fue especialmente relevante para la mujer blanca de clase media, ya que otras identidades y tipologías no fueron abordadas desde esos feminismos primigenios (feminismo negro, feminismo de clase obrera, etc). De otro modo, no se explica por qué el capitalismo adopta formas sociales y de relaciones de género tan diversas a lo largo y ancho del planeta. Las soluciones para el capitalismo no son únicas. Echarnos la culpa a las mujeres de apoyarlo con nuestra salida al mundo laboral público, responde más a mecanismos patriarcales asentados en lo más hondo de nuestro cerebro: sí hombre, encima el desarrollo del capitalismo va a ser culpa nuestra!. Asimismo, el anarquismo también hizo interesantes críticas y aportaciones al feminismo, sobretodo añadiéndole la perspectiva de la lucha de clases, críticas y análisis del poder. En cualquier caso, este acceso al mundo laboral era también una de las premisas fundamentales de Mujeres Libres, que lo entendían como elemento fundamental de la emancipación femenina, permitiéndoles ser y sentirse miembros productivos de la sociedad, y por el que pedían "igual salario a igual trabajo".

Pero además, es el patriarcado el que consigue que muchos empresarios prefieran para sus fábricas y talleres a las mujeres: ellas están acostumbradas a la dominación y son educadas en la sumisión, por lo tanto, serán menos proclives a alianzas laborales contra el empresario y responderán mejor a su disciplina. Amén de que resulta más barata al ser considerada como menos válida que el hombre . En general, el trabajo femenino se concibe como inferior simple y llanamente porque es realizado por mujeres y así la trabajadora lleva ese estatus inferior contagiándoselo al puesto de trabajo.
 
Aun así, también existen buenos ejemplos de lo contrario a la "típica docilidad femenina": en 1918 se produjo lo que se conoce (aunque poco, probablemente por sesgo sexista), la "guerra de las mujeres de Barcelona". De un lado, las huelgas generales surgidas en talleres y fábricas, y del otro, esta guerra de mujeres surgida desde los barrios con fines comunitarios, debido a la escasez que se vivía tras la I Guerra Mundial. Estas mujeres instaron a las obreras a la huelga, requisaron víveres en tiendas de alimentación, y se manifestaron en mercados y plazas públicas, protestaron por los alquileres, el empleo y un largo etcétera. En total, estas revueltas duraron 6 semanas, y empresarios y funcionarios se sintieron atemorizados por la radicalidad y tenacidad de las mujeres que en ella participaron. Así como el importante papel que jugaron en la Semana Trágica, según Lola Iturbe . Este momento histórico ha sido poco conocido, inclusive desde la propia historia de las revueltas sociales españolas, y sin embargo las mujeres, de forma casi espontánea, se levantaron bajo premisas bastante libertarias: unión solidaria, acción directa y autogestión. Por no mencionar el impulso que tuvo de las mujeres la Revolución Rusa de 1917. Y sin embargo, machaconamente desde algunas filas nos persiguen con "el gen conservador de la mujer". Pero aunque los sindicatos no fueran a organizar a todas esas mujeres, porque sus características laborales no se correspondían con el concepto clásico y con clara perspectiva masculina de trabajador asalariado, ellas se organizaron. Y entre las que acudían a centros de trabajo, muchas son las que participaron en numerosas huelgas del textil (Sabadell 1910, La Constancia de 1913, Reus 1915, Barcelona 1916),


y aunque las reuniones para tratar lo referente a la huelga eran presididas por hombres, la participación de las mujeres consiguió que esa huelga saliera de los centros de trabajo, recorriendo barrios populares y plazas. Conocidas fueron también las huelgas de alquileres en aquella época en varios países de Europa y Norteamérica. Así que debería ser la hora de desterrar de nuestro imaginario la figura de "mujer como ente contrarrevolucionario".
Nadie sugiere que el trabajo asalariado nos haga libres. Pero el trabajo asalariado no se da sólo en lo público, y eso es algo que nuestra venda en los ojos nos impedía ver. Y la alternativa que nos espera no puede ser en ningún caso volver bajo el dominio de nuestro padre o marido. Para muchas mujeres casadas trabajar fuera del hogar es la forma de aumentar su independencia económica y social frente a su marido . Y desde luego, la esposa de un anarquista que dependiera económicamente de éste no estaba en mejores condiciones, como dejaron claro Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y demás Mujeres Libres .
Es decir, que ese intento de devolver a la mujer a su papel de amante esposa y madre, beneficia como siempre a los de siempre. Y desde el anarquismo ya Mujeres Libres plantearon una buena y fundamentada crítica hacia el capitalismo y el patriarcado, sin tener que caer en feminismos burgueses, pero tampoco en mistificaciones patriarcales obreristas. Igual basta con desempolvar sus escritos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El porno que nos merecemos, por Maria Llopis

Suscribo 100% el artículo de Maria Llopis en El diario, publicado el 18 de Noviembre. Aqui os lo dejo:

El porno que nos merecemos

Vuelvo de mis vacaciones de mes y medio en el sudeste asiático, bronceada, con los chakras abiertos de par en par y con plena conciencia de mi condición de turista occidental privilegiada, para encontrarme en mi inbox con una proposición que me sorprende: escribir un artículo sobre la pornografía en Occidente. Me sorprende que todavía interese reflexionar sobre la pornografía.
En una de las cabañas de playas lejanas donde tuve el placer de pernoctar en mi viaje, concretamente en Nagari Sungai Pinang, me encontré con un libro que amablemente había dejado el occidental turista que me precedía. Un libro al que se ha calificado como porno para mamás, best seller porno y demás porno chorradas. Se llama 50 sombras de Grey. Me lo leí en dos tardes y ofrecí el ejemplar para la hoguera en la playa del último día. Si se califica un libro como 50 sombras de Grey como pornografía en un medio periodístico, el porno ya no tiene sentido. Me explico. 50 Sombras de Grey no es pornografía, es una novelita rosa de pésima calidad literaria. Y punto. Pero hoy en día está de moda llamar a cualquier cosa pornografía. Publicar un titular en el periódico con la palabra "porno" en la sección de cultura funciona. Ensayos sobre la experiencia pornográfica ganan premios nacionales. Los centros de arte acogen muestras sobre la relación entre arte y pornografía. La pornografía ya es cultura popular. Las tesis doctorales sobre pornografía se suceden. La pornografía ya no asusta a nadie. Las feministas hacen porno. Tu abuela hace porno.
Hubo un tiempo en el que el feminismo se rebeló contra la pornografía. Se decía que generaba violencia contra la mujer. Que era sexista y machista y que representaba a las mujeres como objetos sexuales. Ojalá. Ojalá la culpa fuera del porno y erradicándolo acabáramos con una sociedad sexista. Sería tan sencillo.
El feminismo adoptó el lema punk de "hazlo tú mismo". Decidió que si no te gusta el porno que ves, ábrete de piernas y haz tu propio porno. Feminismo pro-sex, movimiento postporno, pornografía feminista, porno hecho por mujeres. Las políticas feministas más radicales y los posicionamientos anticapitalistas empezaron a producir material sexualmente explícito que ha tenido una gran aceptación en el mundo del arte y la cultura. Y entonces la industria del porno se inventó el porno para mujeres, que viene a ser algo similar a la literatura para mujeres, es decir, un sinsentido. Material pornográfico en el que se vende una sexualidad femenina estereotipada y ridícula, una sexualidad en la que la iluminación es suave y ellas llevan ropa de marca.
Afortunadamente también hay buen porno dentro del mainstream. Como dice Lydia Lunch en el documental Mutantes. Feminismo porno punk de Virginie Despentes, si vas a una tienda de música y escoges cualquier cosa al azar, probablemente sea una mierda. Con el porno pasa lo mismo, hay que conocer y saber elegir. Porque la pornografía es un reflejo de nuestra sociedad sexuada. Todas nuestras miserias se ven reflejadas en ella. Vivimos en un mundo en el que la violencia contra la mujer es asumida como parte de nuestro día a día. Esto es Occidente. Y no hay nada mejor ahí fuera. Por eso me sorprendo cuando descubro sociedades como los Mosuo, una sociedad matriarcal que cuenta 56.000 personas y que se encuentra entre las provincias de Yunnan y Sichuan, en el sudoeste de China.
En la sociedad Mosuo, a las mujeres se les construye un cuarto propio cuando cumplen los 13 o 14 años. Ese cuarto tendrá una puerta al interior de la casa y otra al exterior. Durante la noche, ella puede invitar a quien quiera a compartir su lecho. La única condición es que su amante se vaya al alba. Puede tener el mismo amante durante años o puede cambiar cada noche. Se considera que esta es su intimidad. Los hijos que pudiera concebir durante su vida serán criados en la casa familiar. No existe el matrimonio. No existe la paternidad tal y como la conocemos. Los hombres ejercen de padres de los hijos de sus hermanas. La paternidad biológica no es relevante. La palabra utilizada para denominar al padre y al tío es la misma.
Lo que me llama la atención poderosamente de este tipo de organización social es la libertad sexual de las mujeres y la libertad sexual de la sociedad en general. Es fácil darse cuenta de la utilidad primaria del matrimonio en Occidente: el control de la sexualidad de la mujer. El hombre puede saber con seguridad quiénes son sus hijos biológicos y así legarles su patrimonio. Y es un sistema relativamente reciente. Surgió con la agricultura, la  ganadería y, por supuesto, la propiedad privada. Hace apenas unos 10.000 años.
El feminismo adoptó el lema punk de "hazlo tú mismo". Decidió que si no te gusta el porno que ves, ábrete de piernas y haz tu propio porno. Feminismo pro-sex, movimiento postporno, pornografía feminista, porno hecho por mujeres.

Yo creo que tener un hijo de padre desconocido supone la acción esencial feminista hoy en día. O más bien la acción esencial feminista sería la paternidad múltiple. Sentir como propios y cuidar de todos los niños de nuestra comunidad. Ejercer de padres en plural.
Es fundamental que tengamos en cuenta la conexión entre capitalismo salvaje y control de la sexualidad de la mujer. Esta crisis económica en la que nos vemos sumergidos es una consecuencia lógica de un sistema que ha primado la avaricia y el poder sobre la sexualidad placentera y el bienestar de las criaturas. Como dicen Christopher Ryan y Cacilda Jethá en su libro En el principio era el sexo (publicado por Paidós recientemente), es nuestra condición fuertemente sexuada lo que nos hace humanos. El resto de los animales, o la gran mayoría, follan cuando están en celo, con fines reproductivos. Y cuanto más abundante y múltiple es la vida sexual de una especie, más armoniosa y pacífica es su convivencia. Se nos ha vendido el matrimonio y la monogamia sexual como nuestro estado natural, cuando es el estado natural del capitalismo.
La brillante teórica española Casilda Rodrigáñez va más allá, señalando como problema fundamental la represión del deseo materno y el estado de sumisión inconsciente al que nos lleva. El embarazo, el parto y la crianza son estadios sexuales de la mujer. Hay mujeres que viven partos orgásmicos, sí, que se corren al parir. Mientras el resto de nosotras se retuerce de dolor. Aquí hay algo que no funciona. Que no tiene sentido. Aquí hay algo por lo que merece la pena luchar.
Vayamos a la raíz del asunto, que no es tan difícil. Mientras nos aporrean en Neptuno y donde haga falta, somos capaces de reconocer la violencia del estado y no lo somos tanto para identificar la violencia que se ejerce hacia la mujer y consecuentemente hacia nuestra sociedad. Vengo de Sumatra, en Indonesia. He conocido una sociedad matriarcal de unos cuatro millones de habitantes, los Minangkabau, en la que la violencia hacia la mujer es sencillamente inadmisible. Me daba vergüenza hablar de la realidad de mi país. En mi país a las mujeres las pegan y las violan. Las mujeres y sus hijos son asesinadas por sus parejas. Bienvenido a Occidente.
A mí no me preocupa que la pornografía mainstream sea sexista. Me parece lógico. Tenemos el porno que nos merecemos. Antes yo era una chica más optimista, pensaba que creando otro tipo de imaginario sexual, podríamos cambiar el mundo. Pero tenemos que identificar la crisis real a la que nos enfrentamos. Un importante hombre del país es, o al menos lo fue, un gran aficionado al sexo anal con los miembros de su propio género, pero se vio obligado a casarse y tener hijos para poder continuar con la carrera que le ha llevado a donde está. Y que nos ha llevado a todos a donde estamos. Esta organización social que vivimos en Occidente y que hemos exportado tan eficazmente al resto del mundo está basada en la represión de nuestra sexualidad y en la acumulación de bienes materiales a toda costa. El dinero no da la felicidad, dicen, pero ayuda si formas parte de una sociedad capitalista.
La felicidad es vivir en una sociedad en la que podamos colmar todas nuestras necesidades sexuales y afectivas, en la que se prime el bienestar de las criaturas, en la que la acumulación indiscriminada de bienes no sea el fin último. Porque hay para todos. No tengamos miedo. Vivamos en la abundancia. Que la pornografía sea lo que siempre debiera haber sido, un sencillo juego que refleja nuestra sana curiosidad por explorar el sexo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Soís los cómplices de la opresión a la mujer

Mi compañera y diputada Tania Sánchez de IU en la Asamblea Madrid hace una interesante reflexión sobre el derecho a la maternidad y el derecho a la conciliación

sábado, 3 de noviembre de 2012

Nos mandan a casa



La semana pasada se presentaron en el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales para el 2013, que el ministro Montoro calificó como” los más sociales de la historia”. Pues bien, en estos presupuestos se vuelve a recortar en educación, en planes integrales contra la violencia de género, en sanidad, en programas de ayuda a la conciliación, en prestaciones para ayuda a personas dependientes y con ellos, es la mujer, un año más, la que va a sufrir directamente  la mayor parte de estos recortes, una mayor precarización de su situación laboral, un mayor empobrecimiento y una capacidad de empoderamiento mermada.
Se llaman presupuestos con perspectiva de género a aquellos presupuestos, ya sean municipales, regionales o estatales, que analizan cómo afectan a las mujeres las distintas partidas presupuestarias, generalmente las de gasto. Son una apuesta feminista a favor de la equidad en las políticas públicas. Si hacemos un sencillo análisis respecto a los presupuestos presentados el pasado jueves, lo que vemos es que se ha producido un retroceso enorme en todas las partidas que fomentan indirectamente que la mujer pueda continuar en el mercado laboral.  Esto es: si hay un sistema de sanidad público fuerte, es más fácil que una persona que necesite atención sanitaria diaria pueda acudir a su centro de salud a hacerse unas curas por ejemplo. Si precisa atención sanitaria cualificada pueda estar en una cama de un hospital por más tiempo o si se encuentra bien pero necesita atención, pueda estar en una residencia pública de ancianos o, dado que nunca tuvimos un sistema de bienestar totalmente desarrollado, en una residencia concertada con subvención de la administración pública. También un análisis con perspectiva de género, trataría de evidenciar que la eliminación de las actividades extraescolares en los colegios, la supresión del programa de madrugadores, la disminución de las  becas de comedor, que facilitaban que las mujeres trabajaran fuera, las  devuelven a sus casas, para hacerse cargo de las personas dependientes. Claramente, las distintas administraciones están dejando de asumir una parte de los cuidados necesarios para el mantenimiento de la vida.
Por otro lado, si se reducen significativamente las ayudas en materias de violencia de género. Se cierran casas de acogida, se reducen programas de detención primaria, se recorta en ayudas a las asociaciones que trabajan con mujeres y las ayudan a salir de las situación de maltrato, si se recorta en esto, el Estado deja desamparadas a muchas mujeres, está aparcando el problema y fomentando que estas situaciones se sigan produciendo ya que está desmantelando los mecanismos de prevención.
Tanto el sistema capitalista como el patriarcal han sabido utilizar muy bien a lo largo de la historia a las mujeres como cuidadoras a tiempo completo y mantenedoras de los hogares, pilar fundamental en modelos familistas como el español. Sólo cuando necesitaron mano de obra barata y precaria de mujeres, se preocuparon por facilitar unos servicios sociales y prestaciones en el sentido más amplio. Hasta ese momento no consideró que la organización de los hogares, los modos particulares de proporcionar cuidados y afectos dentro del hogar fuera una cuestión política.
Con un sistema de medioestar, que con estos últimos presupuestos va despareciendo sin ninguna perspectiva de volver a la situación de la que partimos, donde la conciliación vuelve a ser una “cosa nuestra” y no algo público y de interés general, la única alternativa que propone el modelo, la crisis y el gobierno es que las mujeres vuelvan a los hogares a trabajar, y de paso, maquillar las cifras de paro y de personas demandantes de empleo.

martes, 23 de octubre de 2012

Sobre la energía femenina



El pasado fin de semana el País Semanal presentaba un reportaje titulado Energía femenina. Mostraba a nueve mujeres que ocupan en la actualidad cargos de alta dirección en empresas tecnológicas en España. Todas son ejecutivas de grandes corporaciones con expedientes brillantes.  Mujeres que han luchado, estudiado y trabajado mucho para llegar donde están.  Son también mujeres atractivas y elegantes. El reportaje ensalza a estas mujeres independientes que han sabido entrar en un mundo que pertenece a los hombres. Son unas pioneras, unas conquistadoras de un terreno que hace apenas unos años no les hubiera dejado entrar.
A todas estas mujeres se las admira porque han sabido comportarse como los hombres. Han sabido sacrificar su vida personal por una vida laboral “plena” dentro de una esfera perteneciente a ellos adoptando un rol y un comportamiento propio del otro sexo. Se han construido otra identidad para llegar hasta donde están ahora. Parecería que solo formando parte del grupo de los hombres se puede llegar hasta un puesto de alta dirección.
Se me plantean varias cuestiones: ¿Cuántas horas trabajarán a la semana, tendrán tiempo para ir al cine, llevarán a sus hijos al colegio, compartirán las tareas domésticas, cuidarán de sus madres? Pero la que más me inquieta, y la que involucra en el fondo a todas las anteriores es si este es el modelo de sociedad igualitaria a la que aspiramos.
Un modelo donde la competencia, el sacrificio, la ambición y una entrega plena al trabajo son valorados por encima de cualquier otro valor. Un modelo donde el único camino para lograr la igualdad es comportarse como un hombre.
La igualdad en el ámbito laboral, aunque la legislación no la impida, es complicada de alcanzar si en el ámbito privado no se consigue. Si una mujer tiene que hacerse cargo de la mayor parte de las cargas familiares y de las tareas que implica llevar una casa, sin ayuda, es muy difícil que esta mujer pueda trabajar en la economía productiva más de media jornada.  Sin embargo, el camino para tratar de lograr una sociedad más igualitaria, consistiría en un reparto equitativo de las tareas de cuidados y reproductivos, ya sea entre la familia o contando con la ayuda de un Estado fuerte que apueste por unos servicios públicos y de calidad que garanticen la conciliación.
La economía feminista trata de explicar cómo habría que replantear la sociedad occidental para que los cuidados y la economía reproductiva estén bien repartidos y estén cubiertas todas las necesidades. Es realmente donde está la diferencia entre vivir y sobrevivir. Si esto se consigue en la esfera privada, la igualdad en la esfera pública vendrá después.
Este es el único camino para lograr una igualdad real donde las mujeres no tengan que renunciar a sus identidades para trabajar donde quieran. Donde las tareas de cuidados y las necesidades familiares pasen a ser de interés general y donde la economía y la vida sean más justas, más democráticas y más humanas.